Acompañamiento Pastoral

Tomando pie de lo dicho hasta ahora, podemos afirmar que el Acompañamiento Pastoral es el arte práctico del cuidado espiritual de las personas. Consiste en el arte de compartir la propia vida con cuantos sea posible, con Cristo, Buen Pastor, a través de la escucha integral y el prudente discernimiento. El ámbito de acción es la conciencia humana y la forma de actuación se basa en el encuentro personal -individual o grupal-.

El Acompañamiento pastoral es la manera cómo una persona se hace presente, oportuna, real y eficazmente, en la vida de otras personas. El cristiano -que es apóstol por naturaleza- cree y vive que Dios, en Cristo Jesús, se nos ha revelado y manifestado como Creador, Salvador y Santificador, uniendo su Divinidad a nuestra humanidad a través de una relación personal de Amor.

El Acompañamiento Pastoral hace referencia a dos realidades muy específicas, por las que se entiende y expresa mejor la misión evangelizadora en la Iglesia Católica.

A. Acompañamiento: realidad personal que expresa la relación interpersonal, a través de encuentros en los que se comparte la vida mutuamente.
B. Pastoral: realidad práctica y ejercicio del cuidado personal integral -individual y comunitario- desde la realidad espiritual (Comunión).

Ambas realidades coexisten en un contexto muy particular: el legado de Amor enseñado, vivido y transmitido por Cristo Jesús a sus apóstoles a quienes hemos recibido su invitación a participar con Él de este mismo estilo de vida (discípulos misioneros). Esta vinculación con Cristo se entiende como respuesta personal a su llamado -aprendiendo, viviendo y testimoniándole-. No se entiende el Acompañamiento Pastoral sin esta experiencia y relación personal con Cristo, Buen Pastor; Camino, verdad y Vida; Maestro de vida y de amor.

Pastoralmente, entenderme yo es el primer paso para entender a otra persona. Y para entenderme yo, necesito tener claro con qué cuento. Pues bien, los Dones y Talentos explican nuestra condición humana y le dan sentido, plenitud y trascendencia a la misma. Sin ellos (Dones y Talentos) la vida humana carecería de sentido y valor para vivirla. Por eso son nuestro punto de partida pastoral.

Pastoralmente, entenderme yo es el primer paso para entender a otra persona. Y para entenderme yo, necesito tener claro con qué cuento. Pues bien, los Dones y Talentos explican nuestra condición humana y le dan sentido, plenitud y trascendencia a la misma. Sin ellos (Dones y Talentos) la vida humana carecería de sentido y valor para vivirla. Por eso son nuestro punto de partida pastoral. (pág 28)

Tanto los Dones como los Talentos tienen su origen en Dios y su Espíritu, que es el Amor y la Vida, de quien proviene y a quien vuelve cuanto existe. Por tanto, Él es el Dador y propietario, y nosotros somos los destinatarios, pues participamos de ellos. Los entendemos como “regalos”, pues no los hemos creado nosotros, ni mucho menos merecido. Es el infinito y tremendo amor que Dios nos tiene a cada uno de sus hijos la razón de estos regalos. A nosotros nos toca acogerlos, valorarlos y vivirlos -a la manera de Dios- en nuestra vida cotidiana. (pág 28)

El concepto -Consejería- y la acción -aconsejar-, están íntimamente relacionados con el Don de Consejo, que refleja precisamente la acción directa del Espíritu Santo en el alma (del acompañante y del acompañado), a través de la escucha y el discernimiento, para entender el querer de Dios y mover la voluntad para caminar en esa dirección, siempre en libertad y respeto de cada persona. (pág 35)

Por tanto, nuestra labor de mediación, es decir, nuestro acompañamiento pastoral, va orientado a la persona, no solo como sujeto de ayuda, sino más bien como sujeto del amor misericordioso de Dios Padre, redimido por Cristo y animado por el Espíritu Santo para alcanzar la vida eterna. (pág 38)

La Consejería Pastoral es una herramienta evangelizadora basada en el acompañamiento integral de las personas desde la Fe, el Amor y la Verdad. El Consejero pastoral realiza esta misión consciente que es instrumento de Dios, probado, para los demás. Pero, ¿cómo lo vive y transmite? La respuesta es muy clara; como Cristo, con Cristo y por Cristo. Es decir, la persona y vida de Jesús, a quien seguimos (discípulos misioneros), orienta la forma de acompañar del Consejero, que será la misma forma que empleó Jesús, que es el encuentro personal. (pág. 40)

Necesitamos experimentar lo valiosos que somos y al mismo tiempo lo necesitados que estamos de la valía ajena que nos involucra y nos relaciona con los demás. Por eso somos al mismo tiempo privilegiados y necesitados. Los sueños nos motivan a valorar lo que somos y tenemos para alcanzar aquello que necesitamos. Valoremos lo que somos y tenemos. Somos unos privilegiados. Saquemos adelante aquellos proyectos de vida que queremos, con realismo y en respeto de quienes nos rodean. Nuestras familias, la sociedad y hasta el mismo Dios esperan nuestra respuesta. 

Saber sufrir es entender que no voy solo en la vida, que tengo un ejemplo a seguir, Jesús, que clavado en la cruz me dice que sí se puede vencer lo adverso de la vida. Saber sufrir me hace tener los pies en la tierra para alejarme de lo que me estorba para sacar adelante mis sueños o proyectos de vida. Saber sufrir es acercarse a Dios y no separarme de Él ante las tentaciones del egoísmo y materialismo que nos invade.

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Mensaje del Papa Francisco

Mensaje para la jornada mundial de las misiones 2020 en el contexto de los sufrimientos causados por el covid-19.

«En este año, marcado por los sufrimientos y desafíos causados por la pandemia del covid-19, [el] camino misionero de toda la Iglesia continúa a la luz de la palabra que encontramos en el relato de la vocación del profeta Isaías: «Aquí estoy, mándame» (Is 6,8). Es la respuesta siempre nueva a la pregunta del Señor: ¿A quién enviaré?» (ibíd.).

Esta llamada viene del corazón de Dios, de su misericordia que interpela tanto a la Iglesia como a la humanidad en la actual crisis mundial.

Papa Francisco.

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